Al atardecer, tus ojos brillan otra vez, con la fuerza de un
volcán que nunca deja de erupcionar.
Tus pupilas se vuelven como ciruelas que
se fijan en mí y me siguen como lobo hambriento.
El frío se vuelve nube entre
tus brazos, donde me abrigo por un rato, estallando en miles de partículas que
se diseminan en la habitación.
Al atardecer sos soñado, nada está mal en vos.
El sol te
ilumina de reojo, como si pudiera hacerte más hermoso aún.
Secamos las
tristezas de desamores anteriores, lavamos la culpa antes que nos busque el
karma.
Vamos caminado despacito por un sedero que no existe.
Al atardecer creo que todo es posible si me acompañas.
No hay
ninguna duda dando vueltas cuando me tomás de la mano.
Sonrío segura cuando me
besas.
Al amanecer, todos los besos son arena en el desierto.
Mi bronceado
es uno más en la playa, y mis ojos se secan.
No hay abrazos que digan ni una
palabra, porque nada hay para decir.
Al amanecer se me entumece el corazón, porque está cansado
de sentir.
Salen a pasear las falsas sonrisas, a las que no les importa no
tener motivo.
Sos otra persona que no puedo descifrar.
Al amanecer volás, lo más alto que podes, porque los pájaros
no se pueden encerrar.