miércoles, 11 de agosto de 2021

Vacíos

 Me prendí un pucho y te miré, por enésima vez. El aire se cortaba con sólo una palabra, "estás devastado", pensé.

Intenté leerte los ojos, la mente y el corazón, fallidas mis ganas y mi intuición, pensé qué dolor te estaba dejando tan inerte.
 No encontré respuesta.
Preparaste un vino y te sentaste al lado mío, también por enésima vez, yo sentí ganas de abrazarte el alma, alma que no sabia si seguía ahí, en tu cuerpo tan desolado, tan efimero.
Pensé en las maneras en las que podía sacar una conversación, hablaba sola, siempre fuiste una pared cuando estas así, y digo así porque no se como llamarlo.
Trate de idear que podría hacerte reír, porque como a todos los que quiero, amo verte reír.
No supe que hacer, me sentí inútil, sentí que el abrazo que tenía no era suficiente, y era cierto, no lo era.
Me sonreíste de costado un par de veces y cada una intenté entender qué o quién dañó tanto a la persona que yo había conocido, dónde estaban nuestras sórdidas risas, los ínfimos momentos de alegría. 
Traté de disfrutarte esa noche, sabía lo que iba a venir. 
Vi la mismísima muerte en tus ojos, y vi tus ganas de abrazarla en cada silencio. 
Me rogué, por favor, parar de sentir y pensar lo inevitable. 
No quería pensar que esa noche sería una visagra tan nefasta en mi vida.
Te miré una vez más, antes de cerrar la puerta, preguntándome si lo que había hecho bastaba para estar en paz, con vos y conmigo, y ahí lo supe, estabas tan listo para dejarte ir, y yo, yo te había acompañado en ese último sendero, y eso, había sido suficiente. 

martes, 24 de abril de 2018

Otoño


Llega el otoño y con él hay que hacerse fuerte. 
Fuerte porque, al igual que as hojas resecas, nos quebramos con cada brisa, con cada vuelo, con cada golpe.

Hay que hacerse fuerte porque siempre las despedidas nos rompen. 
Porque aunque parece que estamos listos, flexibles, insensibles, somos el más frágil papel ardiendo en el fuego.

Y ahí vamos, a la deriva, planeando en la nada hasta que un golpe nos aviva. 
Un golpe que parece de suerte, creemos estar estáticos, en suelo firme, pero no, cuando vamos acomodando el dolor a los huesos, se vuela ato de nuevo.

Hay que hacerse fuerte, porque queremos sentir que frío nos vuelva a calar los huesos, y que el calor nos abrase infinitamente. 
Porque ansiamos sentirnos tiernos al rayo del sol que se abre en el cielo helado, y a la humedad de rocío que emerge de la hierba.

Queremos sentir. Vaya redundancia. 
Querer y sentir. Sentir y querer. 
Es que me han dicho miles veces que al igual que el frio, hay que dejar al dolor que cale hondo, porque cuando se toca fondo es más fácil subir.

Hay que hacerse fuerte, porque el otoño es sólo el comienzo, y el invierno es crudo sin besos. Porque te siento arrullado en mis pensamientos, porque te quiero tanto que no entiendo, no puedo y no quiero.

martes, 21 de noviembre de 2017

Reinventarse, esa palabra te la repetís una y otra vez como un mantra. "Soy joven", decís, "soy inteligente, linda e independiente". Te acordás que mientras estabas con tus amigas te decían, "los hombres se asustan, ven minas como vos, así de independiente, y corren, porque saben que no los necesitas".
Esa frase te da vueltas en la cabeza. Del mismo modo que pensás que es cierto, sos demasiado mina, son demasiado histéricos, nadie es para vos y vos no sos para nadie. Entonces pensás "mejor me quedo sola, que para estar mal acompañada, prefiero estar así"

A vos, mujer, posiblemente madre, trabajadora, estudiante, independiente, soñadora te quiero recordar algo, NADIE ES MENOS QUE VOS, Y TAMPOCO MÁS.
Está claro que todos somos diferentes, pero que quede claro que ni a mi, ni a vos un hombre nos queda chico, ni mucho menos grande.
Hay que dejar de decir que les faltan huevos, que son cagones, porque sabés que pasa? SIMPLEMENTE NO ES PARA VOS.
Estamos en momentos tan superficiales, que en lugar de ponernos a pensar qué cosas hermosas tiene el otro, qué momentos buenos compartimos o incluso qué aprendizaje nos dejó, nos ponemos a mirar qué falta, qué "no hace bien" según nuestra estructura interna, obvio, y tantísimas cosas malas más.

Todo queremos encasillar, que somos novios, que salimos, que nos vemos y que bla, bla, bla...Existen más nombres de relaciones que personas para relacionar. BASTA, que la vida es un conjunto de momentos. Los vivas sola o acompañada, lo importante es disfrutarlos.

Pero, a vos, que como yo te acostás sola y quisieras que alguien te abrace y te recuerde que aunque esté todo mal, estás acompañada, a vos que lidias con todo tu quilombo vital, que quisieras que alguien te cocine de vez en cuando, mientras haces otras cosas...a vos te digo, NO NECESITAS a nadie al lado, porque estás viendo que podés, pero a veces, te gustaría, y no está mal.

No te reniegues de los demás, no pienses que son cagones, pelotudos y faltos de huevos, en realidad, esa persona no es para vos.
No te lastimes, ni te juzgues, porque no hiciste nada mal. No hagas eso con el otro, porque tampoco está mal no quedarse donde uno no está bien.

No hay nada más lindo que coincidir, y cuando pasa, tu universo colisiona con otro. No te apures, no busques, no te desesperes, porque todo llega. Y no quiere decir que llegue una compañia, sino que tambien llega la paz, la calma y la seguridad en una misma.

A vos te quiero decir que sigas floreciendo, porque SOS MAGIA.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Por favor, perdón y gracias

Estoy cansada, ¿sabés? De ver historias vacías, gente insensible y fría. 
Será que no quedan más corazones, será que la mayoría están rotos y remendados, o capaz es que tienen una coraza, una cubierta imposible de romper.
Me pregunto hasta cuándo vamos a seguir dejando que las cosas nos hagan mierda y nos acobarden, porque, vamos, es lo único que nos describe. 
Somos puros ensayos movidos y removidos por el miedo. 
El mismo miedo que nos hace actuar, nos hace volver para atrás. 
Y ahí te ves, con un miedo bávaro a sentir, a ser, a cuestionar y actuar, convencido que esta vida te la llevás puesta. 
Y claro, como no te la vas a llevar puesta, si no arrimas para no ser parte, por miedo.
Si no es por miedo es por ciego. 
Siempre pienso en la gente que me dice “algo bueno va a venir” y, claramente pienso en las personas a las que se lo digo. 
Ojala supieras, y vieras, lo que puedo hacer por vos.
Corrijo, por tu felicidad. Corrijo de vuelta, con que ganas te haría feliz el resto de tus días.
Que cobarde yo también, ¿no? 
Escribiendo lo que me pasa porque si te tengo en frente sólo  pienso en lo mucho que me gustaría ver esos ojos a diario. 
No es que no quiera decirte las cosas, es que no me sale. 
No se si me embobas o me inhibís, o si soy cobarde, sé no puedo decirte esto porque en frente mío, sólo puedo admirarte.
Siempre dando vueltas. 
Empiezo con una cosa y termino diciendo lo mismo. 
Me haces falta, no por tu presencia, sino en mi vida, como parte de ella.
Por favor, perdón y gracias. 
Las palabras mágicas, me enseñaron de chiquita. 
Las que curan, según vos. Y cuánta razón tenés.

Por favor, no te vayas nunca, perdón por ser cobarde y gracias por estar siempre. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Lento

Lento. Te movés por la casa sigiloso, como una sirena en su canto ancestral.

Suave. Llenás los rincones más indeseados con la luz de tu sonrisa, como un faro en la tempestad.

Firme. Me sostienen tus brazos que me llenan de amor, como abraza el sol en enero.

Fuerte. Me mirás punzante, como una fecha en la presa.

Ruidoso. Es la melodía de tu corazón cuando te abrazo, como un alegre redoblante.

Dulce. Cuando tus labios chocan los míos, como la miel más pura.

Fugaz. Tu compañía de fines de semana porque no podemos más, como las estrellas que vimos caer.

Letal. La despedida a medias que me das, como el peor veneno desarrollado jamás.

Vital. Quererte y hacerte bien, como el oxígeno que respirás.

Sublime. El sonido de tu voz cuando me hablás, como el despliegue de las aves al migrar.

Tenaz. Enfrentás lo que sea para llegar, como un león a punto de cazar.

Aceleradas. Pasan las cosas cuando estas cerca, como un tren lleno de pasajeros.

Constante. Sigo esperando tu regreso final, como la gota que agujerea la roca.

Desordenada. Me queda la vida cuándo te vas, como un salón de fiestas cuando todo termina.

Feliz. Soy desde que entraste en mi vida, como niño al jugar.

Me pregunto qué es la vida, si tus ojos tienen mi punto de partida. Si cada vez que me mirás con esa ternura no sé distinguir a donde tengo que ir.

Me pregunto cuál es final, si cada vez que estoy por olvidar, regresás.


martes, 28 de marzo de 2017

La felicidad

Encontró un día cerca del mar, un abrazo inolvidable. 
No era uno común, era de esos que arreglan corazones y rotos y llenan almas. 
Uno de esos que cuidan y protegen, que te hacen sentir segura.
Descubrió en el aire labios que ocultaban sonrisas que destellaban estrellas. 
Que besaban suavemente y con pasión. De esos besos que te hacen olvidar de todo.
Aparecieron frente a ella ojos dulces. Que miraban con ternura, pero calaban hasta los huesos. 
Que tenían miradas profundas. 
De esas que brillan con cualquier destello.

Y a cada persona que cruzaba, le comentaba que no sabía cómo, 
que quién iba a decir que la felicidad era medible...
Un metro setenta y cinco, sesenta kilos, ojos café, 
piel suave, abrazos largos y la sonrisa más hermosa que jamás haya visto.

Contempló la felicidad llegar a su vida, 
con su debida cuota de dolor y espera. 
Pero entendió que el amor sin libertad no existe, 
que los desvelos justificados son hermosos, 
aun a veces derramen lágrimas, porque lo lindo es sentir.
Sintió el miedo corriéndole por las venas, 
pero no se asustó porque comprendió 
que eso pasa cuando se siente con el corazón 
y que si daba lo mejor, iba a llegar lo mismo.
Y lo contempló, a veces desde cerca y otras de lejos. 
Pero no le importaba la distancia porque sabía que tenía un lugar en su corazón. 
Porque sabía que se querían y eso era el amor.