Me prendí un pucho y te miré, por enésima vez. El aire se cortaba con sólo una palabra, "estás devastado", pensé.
Intenté leerte los ojos, la mente y el corazón, fallidas mis ganas y mi intuición, pensé qué dolor te estaba dejando tan inerte. No encontré respuesta.
Preparaste un vino y te sentaste al lado mío, también por enésima vez, yo sentí ganas de abrazarte el alma, alma que no sabia si seguía ahí, en tu cuerpo tan desolado, tan efimero.
Pensé en las maneras en las que podía sacar una conversación, hablaba sola, siempre fuiste una pared cuando estas así, y digo así porque no se como llamarlo.
Trate de idear que podría hacerte reír, porque como a todos los que quiero, amo verte reír.
No supe que hacer, me sentí inútil, sentí que el abrazo que tenía no era suficiente, y era cierto, no lo era.
Me sonreíste de costado un par de veces y cada una intenté entender qué o quién dañó tanto a la persona que yo había conocido, dónde estaban nuestras sórdidas risas, los ínfimos momentos de alegría.
Traté de disfrutarte esa noche, sabía lo que iba a venir.
Preparaste un vino y te sentaste al lado mío, también por enésima vez, yo sentí ganas de abrazarte el alma, alma que no sabia si seguía ahí, en tu cuerpo tan desolado, tan efimero.
Pensé en las maneras en las que podía sacar una conversación, hablaba sola, siempre fuiste una pared cuando estas así, y digo así porque no se como llamarlo.
Trate de idear que podría hacerte reír, porque como a todos los que quiero, amo verte reír.
No supe que hacer, me sentí inútil, sentí que el abrazo que tenía no era suficiente, y era cierto, no lo era.
Me sonreíste de costado un par de veces y cada una intenté entender qué o quién dañó tanto a la persona que yo había conocido, dónde estaban nuestras sórdidas risas, los ínfimos momentos de alegría.
Traté de disfrutarte esa noche, sabía lo que iba a venir.
Vi la mismísima muerte en tus ojos, y vi tus ganas de abrazarla en cada silencio.
Me rogué, por favor, parar de sentir y pensar lo inevitable.
No quería pensar que esa noche sería una visagra tan nefasta en mi vida.
Te miré una vez más, antes de cerrar la puerta, preguntándome si lo que había hecho bastaba para estar en paz, con vos y conmigo, y ahí lo supe, estabas tan listo para dejarte ir, y yo, yo te había acompañado en ese último sendero, y eso, había sido suficiente.
Te miré una vez más, antes de cerrar la puerta, preguntándome si lo que había hecho bastaba para estar en paz, con vos y conmigo, y ahí lo supe, estabas tan listo para dejarte ir, y yo, yo te había acompañado en ese último sendero, y eso, había sido suficiente.
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