Estoy
cansada, ¿sabés? De ver historias vacías, gente insensible y fría.
Será que no
quedan más corazones, será que la mayoría están rotos y remendados, o capaz es
que tienen una coraza, una cubierta imposible de romper.
Me pregunto
hasta cuándo vamos a seguir dejando que las cosas nos hagan mierda y nos
acobarden, porque, vamos, es lo único que nos describe.
Somos puros ensayos
movidos y removidos por el miedo.
El mismo miedo que nos hace actuar, nos hace
volver para atrás.
Y ahí te ves, con un miedo bávaro a sentir, a ser, a
cuestionar y actuar, convencido que esta vida te la llevás puesta.
Y claro,
como no te la vas a llevar puesta, si no arrimas para no ser parte, por miedo.
Si no es
por miedo es por ciego.
Siempre pienso en la gente que me dice “algo bueno va a
venir” y, claramente pienso en las personas a las que se lo digo.
Ojala
supieras, y vieras, lo que puedo hacer por vos.
Corrijo, por tu felicidad.
Corrijo de vuelta, con que ganas te haría feliz el resto de tus días.
Que cobarde
yo también, ¿no?
Escribiendo lo que me pasa porque si te tengo en frente
sólo pienso en lo mucho que me gustaría
ver esos ojos a diario.
No es que no quiera decirte las cosas, es que no me
sale.
No se si me embobas o me inhibís, o si soy cobarde, sé no puedo decirte
esto porque en frente mío, sólo puedo admirarte.
Siempre
dando vueltas.
Empiezo con una cosa y termino diciendo lo mismo.
Me haces falta,
no por tu presencia, sino en mi vida, como parte de ella.
Por favor, perdón
y gracias.
Las palabras mágicas, me enseñaron de chiquita.
Las que curan, según
vos. Y cuánta razón tenés.
Por favor,
no te vayas nunca, perdón por ser cobarde y gracias por estar siempre.