domingo, 6 de agosto de 2017

Lento

Lento. Te movés por la casa sigiloso, como una sirena en su canto ancestral.

Suave. Llenás los rincones más indeseados con la luz de tu sonrisa, como un faro en la tempestad.

Firme. Me sostienen tus brazos que me llenan de amor, como abraza el sol en enero.

Fuerte. Me mirás punzante, como una fecha en la presa.

Ruidoso. Es la melodía de tu corazón cuando te abrazo, como un alegre redoblante.

Dulce. Cuando tus labios chocan los míos, como la miel más pura.

Fugaz. Tu compañía de fines de semana porque no podemos más, como las estrellas que vimos caer.

Letal. La despedida a medias que me das, como el peor veneno desarrollado jamás.

Vital. Quererte y hacerte bien, como el oxígeno que respirás.

Sublime. El sonido de tu voz cuando me hablás, como el despliegue de las aves al migrar.

Tenaz. Enfrentás lo que sea para llegar, como un león a punto de cazar.

Aceleradas. Pasan las cosas cuando estas cerca, como un tren lleno de pasajeros.

Constante. Sigo esperando tu regreso final, como la gota que agujerea la roca.

Desordenada. Me queda la vida cuándo te vas, como un salón de fiestas cuando todo termina.

Feliz. Soy desde que entraste en mi vida, como niño al jugar.

Me pregunto qué es la vida, si tus ojos tienen mi punto de partida. Si cada vez que me mirás con esa ternura no sé distinguir a donde tengo que ir.

Me pregunto cuál es final, si cada vez que estoy por olvidar, regresás.


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