martes, 28 de marzo de 2017

La felicidad

Encontró un día cerca del mar, un abrazo inolvidable. 
No era uno común, era de esos que arreglan corazones y rotos y llenan almas. 
Uno de esos que cuidan y protegen, que te hacen sentir segura.
Descubrió en el aire labios que ocultaban sonrisas que destellaban estrellas. 
Que besaban suavemente y con pasión. De esos besos que te hacen olvidar de todo.
Aparecieron frente a ella ojos dulces. Que miraban con ternura, pero calaban hasta los huesos. 
Que tenían miradas profundas. 
De esas que brillan con cualquier destello.

Y a cada persona que cruzaba, le comentaba que no sabía cómo, 
que quién iba a decir que la felicidad era medible...
Un metro setenta y cinco, sesenta kilos, ojos café, 
piel suave, abrazos largos y la sonrisa más hermosa que jamás haya visto.

Contempló la felicidad llegar a su vida, 
con su debida cuota de dolor y espera. 
Pero entendió que el amor sin libertad no existe, 
que los desvelos justificados son hermosos, 
aun a veces derramen lágrimas, porque lo lindo es sentir.
Sintió el miedo corriéndole por las venas, 
pero no se asustó porque comprendió 
que eso pasa cuando se siente con el corazón 
y que si daba lo mejor, iba a llegar lo mismo.
Y lo contempló, a veces desde cerca y otras de lejos. 
Pero no le importaba la distancia porque sabía que tenía un lugar en su corazón. 
Porque sabía que se querían y eso era el amor.

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