Te admiro. Desde que pude ver la fuerza de tu naturaleza me
encuentro admirando tus defectos, y
aquellas cosas que solían molestarme en cualquier otra persona, se han vuelto
perfectas en vos. Tenés las más locas virtudes y los más hermosos defectos que
jamás haya visto. Me hipnotiza el sonido de tu voz y ansío escucharte siempre.
Me pregunto qué clase de hechizo se esconde entre tus ojos.
He podido descifrar la magia de tus sueños, la libertad de
tus pensamientos y la ansiedad en tus ganas. Me atrapó por completo tu
inteligencia, y tengo ganas de saciarme en tu saber. Vas encantándome como una
musa, dejándome atónita sin hacer más que ser vos.
Ya quisiera encontrar la llave que abre los candados de tus
miedos. Quisiera verte libre de aquello que aún te lastima, y ser parte de
ella. Verte sonreír, contando las galaxias de las comisuras de tus labios.
Hacerte bien, besarte las heridas, hasta que la sal no queme.
Y aunque sea difícil y pesado, tengo canciones que alivianan
los pasos. Y si te caes, tengo una mano para levantarte y la otra para
señalarte el camino. Y aunque cada día tenga que encontrar una nueva razón para
seguirte los pasos, siempre voy a saber convencerme. Y si algún día decidís
volar, entenderé que hemos sido buenos compañeros. Esperaré haberte dados
momentos y sensaciones que siempre quieran hacerte regresar, no a mí, no al
sitio del que partiste, sino a quien fuiste en ese momento.
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